Bio

Mi nombre es Maruxa Ruiz del Árbol, nací en Madrid en 1983 y soy periodista freelance. Trabajo como corresponsal en Londres desde 2009. Me bauticé joven en esta profesión pero aún recuerdo la satisfacción de abrir por primera vez una revista con mis letras impresas, frente a un kiosco de la calle Cavanilles. Tenía 19 años, me acababa de matricular en periodismo por la Universidad Complutense y, para celebrar el cambio de etapa, decidí hacer un Inter Raíl. Ese viaje en tren a través de Francia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo se convirtió en mi primer reportaje.

Coseché mi vocación en casa, a la hora del desayuno, cuando el incansable teléfono de mi padre (por entonces fijo) comenzaba a sonar y yo escuchaba las conversaciones con sus fuentes entre sorbo y sorbo de zumo. Recuerdo también las noches en que llegaba muy tarde porque tenía que “cerrar el periódico”  y yo me lo imaginaba exhausto, echando la llave a cientos de puertas y ventanas hasta las 11 o 12 de la noche. Sí, soy hija de periodista, de uno bueno.  

Aprendí lo que era un cierre y conocí la tensión agridulce de una redacción en mis primeras prácticas durante los años de carrera pero no fue hasta 2007 cuando me metí en la profesión de lleno al comenzar el máster de El País. Allí aprendí a redactar con periodistas de la vieja escuela como Ángel Santa Cruz o Miguel Ángel Bastenier y hoy sigo oyendo sus voces en mi cabeza cada vez que me sorprendo en la flacidez de contar la anécdota sin ahondar en lo sustancial de una noticia (algo que desataba la ira del riguroso Santa Cruz) o se me ocurre “lastrar un texto” (como llamaba Bastenier a la empalagosa manía de repetir innecesariamente el nombre del protagonista de una noticia).

En el máster me enseñaron lo que ellos llamaban la “excelencia periodística” para, un año más tarde, en 2008, mandarme directa la vida real en la sección de Sociedad de El País y aprender cuán numerosos son los obstáculos para poner esa excelencia sobre el papel. Al acabar aquel emocionante año de prácticas la crisis económica me obligó a hacerme lo que, felizmente, soy hoy: periodista freelance.

En septiembre de 2009, con una cartera de clientes bajo el brazo y unas pocas promesas de colaboración me tiré al río, al Támesis en concreto, y me puse a vender informaciones a la pieza desde Londres. Once años después de aquella satisfacción en la calle Cavanilles intento seguir viviendo de contar historias en tiempos convulsos para esta profesión. Aquí he alcanzado mi madurez profesional en un entorno estimulante y muy distinto del que imaginé cuando tuve la ocurrencia de hacerme periodista en el siglo XXI.

Las redacciones en las que yo aprendí están siendo desmanteladas y transformadas por la crisis y yo he tomado un camino alternativo, no menos incierto, lejos de la estructura tradicional de los medios. Propongo mis propias historias, mi visión sobre Reino Unido, no a uno sino a varios medios, por ahora españoles e ingleses pero mis orejas siguen abiertas a nuevas iniciativas de trabajo.

Mis jornadas se desarrollan entre la calle y la oficina. Un pionero coworking space se ha convertido en mi nueva redacción. Este palabro anglosajón que se ha puesto de moda en los últimos años, que no es más (ni menos) que oficina abierta 24 horas donde comparto tiempo, contactos e ideas con otros 16 periodistas freelance.

Las brillantes mentes a las que he confiado esta web han sido

Diego Ruiz del Árbol: Mi hermano y desarrollador web.

Pilar Sánchez-Arjona: Arquitecta, y responsable del diseño gráfico.

Eduard Bagur: Artista, amigo y creador del logo.

Facundo Arias  Amigo, desarrollador web y consejero tecnológico 24 horas para esta web.