Cuando la educación la dicta un libro de estilo

Publicado en: 
Savia
Fecha de publicacion: 
Lunes, 17 Diciembre, 2012

 Un antiguo chascarrillo ferroviario explica el por qué hace años proliferó la aparición de libretos de conducta del personal en los medios de transporte. En el chiste, un viajero de la Renfe de toda la vida afirmaba que no sabía qué era peor cuando viajaba en tren, si que le tocara un factor antipático o simpático. Su argumento para dudar entre elegir algo  aparentemente bueno como alternativa a algo realmente malo es que si te tocaba el factor antipático sabías que te soltaría una coz pero te dejaría en paz rápidamente. El factor simpático estaba dispuesto a contarte su vida durante todo el viaje.

Para evitar cualquiera de los dos extremos, las normas de conducta de las compañías navieras,  ferroviarias, aéreas o de autobuses, se han convertido en la biblia de la atención al cliente. Su jurisdicción comienza a actuar antes incluso de que crucemos la puerta del tren, avión, barco o autobús, desde el momento en que el pasajero entra en el aeropuerto o en la estación ferroviaria, marítima o de autobuses.