La tiranía de las marcas empaña el candor olímpico

Publicado en: 
Cinco Días
Fecha de publicacion: 
Miércoles, 25 Julio, 2012

El sábado pasó por mi barrio la antorcha olímpica y confieso que dudé si salir a verla, o no. No soy muy amante de darme codazos con muchedumbres agitadoras de banderas. Pero fui. Pensé que quizá fuera la última vez que tenga la  oportunidad de ver algo así… quien sabe dónde estaré yo para Madrid 2020 o si habrá Madrid 2020 con la que está cayendo en España. Pensé también que, como periodista, estaba bien tener un contacto previo con el espíritu olímpico antes de que este jueves me embista con todo su frenesí.

La antorcha pasaba a las 3:45 por Shoreditch High Street. A las 3:00 me sonó el teléfono y la voz de un amigo fue el empujón final: “Maru, estamos en el Box Park y sobre la terraza elevada lo vamos a ver muy bien, no hay mucha gente”.

Efectivamente, al llegar la muchedumbre no era tal. La calle estaba casi vacía y los coches seguían circulando. Pero Londres es así, tan acostumbrada a organizar eventos que es capaz de paralizar una calle un minuto y luego, vuelta a la vida normal y aquí no ha pasado nada.

3:30:  Mirando a la calzada desde la terraza de ese extraño centro comercial que es el Box Park (otro día hablaré de él) los autobuses seguían pasando. Poco a poco, desordenadamente, la gente se fue colocando alrededor de la carretera. La publicidad llegó puntual, a la vez que el público y antes incluso que la policía. A sólo 15 minutos de la llegada de la llama por fin parecía que en mi barrio iba a ocurrir algo. Comenzaron a pasar camiones con música infernal, gogós y logos. Chicos vestidos de rojo Coca – Cola repartieron una especie da panderetas gigantes con el único fin de hacer ruido al pasar la llama. Por fin, ese ruido (y más publicidad) anunciaron que la antorcha estaba llegando.