'Let's put the kettle on'

Publicado en: 
maruxaruizdelarbol.com
Fecha de publicacion: 
Lunes, 26 Noviembre, 2012

La desazón me rodea. Desde hace mes y medio vivo inmersa (y a ratos caigo) en una insoportable zozobra colectiva. Crisis y más crisis, despidos de familiares, amigos que emigran y se me desperdigan por el mundo, primos que trabajan 8 horas al día por 350 euros, editores de mal humor y malas formas. Hartazgo.

Todo es cansino y me creo cubierta por la misma película cenicienta de las fotos de nuestros compadres históricos de La Gran Depresión. Pienso en ellos a menudo. De repente, soy consciente de que mis nietos y mis biznietos estudiarán un día todo esto bajo un epígrafe análogo e igualmente deprimente inventado por algún historiador iluminado.

Me aburre mucho toda esta tristeza. Me aburro yo triste. Imagino mi foto en un libro te texto editado en 2063. En ella aparezco tecleando delante del ordenador, con los ojos alicaídos, pelánganos y ojeras, componiendo un texto por el que me pagarán una miseria (a la que habrá que restar el 21% del IRPF). Pie de foto: El paro y la precariedad laboral se cebaron con Europa en la Era del Desaliento.

El otro día le pregunté a mi abuela, a punto de cumplir 90, si recuerda una etapa de mal humor colectivo tan brutal como ésta y me dijo que no. ¡Magnifico!. Tendré que asumir que estoy viviendo en uno de esos periodos negros de la historia. Lo asumo. Pero paso de dejarme caer en la penuria de una generación que se sabe perdida, paso de creerme que sólo me queda posar con mi peor cara para la foto de ese libro de texto porque mi futuro no será como me lo habían prometido. Quizá lo más normal es que la historia no sea como nos la contaron y que la vida no vaya por el camino previsto. ¿Cuántas veces el futuro responde a lo que se esperaba de él?

Hace días aprendí una expresión inglesa que refleja una manera muy British de enfrentarse a los problemas: “Let’s put the kettle on”. Pongamos agua a hervir, démonos el tiempo y la calma de preparar una taza de té. Recordemos que siempre amanece y no caigamos en ese dramatismo del fin del mundo tan español que nos lleva muchas veces a caer en la angustia y pocas a la reflexión, a la reinvención y a la autocrítica.